
Cuando los sentimientos nos ganan, las neuronas solo reaccionan a esas sensaciones y no al pensamiento que uno mismo hace. Los sentimientos, en varias ocaciones, hacen presencia y logran tomar el control de todo. Logran hacer que el cerebro se desconecte con el mundo real, con el mundo que nos refirega en la cara lo que no tenemos. Logran hacer que la mente de cada persona esté en blanco, sin pensamiento alguno. Me dí cuenta de que a veces no solo es la distancia que hay entre nosotras me entristeze. Si no el pensar, solamente el pensar que estás lejos es lo que me pone mal. Viendote mis penas se vuelven cosa del pasado, hasta ese mismo pensamiento; la lejanía. TODAS, absolutamente todas esas penas se vuelven cenizas que luego el viento las va a barrer. El pensar en vos a veces, no muy seguido, me pone mal. Porque me recuerda a todos esas barreras que hay, a todos esos obstáculos que la vida nos pone. Pero... ¿ Y sin tan sólo pensara en vos, nada más? Ojalá fuera tan fácil. Ojalá mi boca fuese mi mente y mi mente mi boca. Para así, hacer lo que digo y no lo que pienso.
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